Eva Domínguez: filosofía-vital
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Nessuno può arrivare

En el naufragio de estos días me he acordado de este poema:

Nessuno può arrivare nell'ultimo paradiso
senza aver naufragato
senza aver perduto i suoi beni
credendo nei suoi sensi
senza desiderare il serpente
con la paura del frutti del bene e del male
senza odiare il padre eterno
senza amare l'universo a dismisura
perché nessuno sa dove si trova l'isola
né di là si può più ritornare

J. Lentini

Lo que uno necesita, no lo que quiere

He llegado a la conclusión de que tengo de rara lo mismo que de hipócrita. Soy rara porque en estos días de deseos obligados para el año nuevo, no tengo ninguno en la lista. No sé qué pedir en fin de año distinto de lo que pido cada día cuando me levanto. Pido sólo una cosa y siempre la misma: que la vida me traiga lo que necesito, no lo que quiero. Que me traiga lo que preciso para crecer, dar, entender, compadecer y apreciar, para ser mejor, para hacer lo mejor. Y como sólo la vanidad del ego puede creer que lo sabe, prefiero que la vida lo elija por mí, que es más sabia y más grande.

Otros muchos piensan igual que yo, mientras brindan por los deseos de nuevo año. Por eso, soy tan rara como hipócrita. O lo soy mucho, o nada.

Brindo por que el 2007 venga con lo que necesitamos.

Biológicamente, somos porque amamos

"La mayor parte de los dolores de nuestra existencia son culturales. Pregúntese dónde le duele la vida y verá que no es en su cuerpo", asegura Humberto Maturana en La Contra de La Vanguardia. Según este doctor en Biología por Harvard, los humanos somos fruto de la cooperación, somos porque amamos. Por eso es biólogo del amor.